LA huelga de los empleados del autobús y del metro creó de nuevo ayer graves dificultades en el transporte público de la ciudad y afectó a miles de personas. La actitud de ese colectivo laboral se ha convertido en intolerable, ya que no es justo ni ético que sus problemas los tengan que pagar el conjunto de los usuarios del servicio

  • Editorial La Vanguardia | 23/10/2012 – 00:00h
    • LA huelga de los empleados del autobús y del metro creó de nuevo ayer graves dificultades en el transporte público de la ciudad y afectó a miles de personas. La actitud de ese colectivo laboral se ha convertido en intolerable, ya que no es justo ni ético que sus problemas los tengan que pagar el conjunto de los usuarios del servicio, a quienes han convertido en verdaderos rehenes, como medida de presión para el logro de sus reivindicaciones laborales. Son demasiados los días que dura este conflicto.
Los trabajadores de autobuses, en una asamblea celebrada ayer, acordaron suspender provisionalmente la huelga diaria de dos horas por turno que venían realizando hasta ahora. Pero amenazan con reanudarla durante las dos semanas que dure la campaña electoral, del 12 al 16 y del 19 al 23 de noviembre, y mantienen la convocatoria de paro para toda la jornada del día 31, junto con los trabajadores de metro, si en los próximos tres días la dirección de Transports Metropolitans de Barcelona no les ofrece un acuerdo aceptable.

No parece que haya grandes perspectivas de acuerdo, ya que hasta ahora los sindicatos convocantes de la huelga, liderados por la CGT, de inspiración anarquista, han rechazado las propuestas de la empresa para desbloquear el conflicto. En cualquier caso, lo que no resulta aceptable, bajo ningún concepto, es que se juegue con los ciudadanos como rehenes.

Los paros del transporte público suponen muchas molestias a los usuarios, en su mayoría trabajadores, que sufren la crisis de forma igual o peor que los empleados del transporte público y que, además, con sus impuestos pagan parte del déficit de la compañía, que se incrementa con las pérdidas adicionales que se producen a causa de las propias huelgas. La legislación laboral española adolece de la ausencia de una ley de huelga que regule los efectos de los paros laborales en los servicios públicos, que asegure la defensa del bien común por encima de los intereses particulares, ya que los sindicatos se han opuesto siempre al defender su derecho a la autorregulación. Sin embargo, visto el comportamiento de los trabajadores del transporte público de la capital catalana, se hace necesaria una intervención activa y contundente de las autoridades laborales.

En este sentido, hay que reiterar la necesidad de adoptar unos servicios mínimos más amplios que los actuales, que sólo cubren el 50% del tráfico de autobuses y convoyes de metro, para que las huelgas ocasionen los mínimos problemas de movilidad en la ciudad y se aminoren las pérdidas de comercios y empresas, ya de por sí muy castigados por la crisis.

Igualmente se hace necesario plantear la exigencia de que las decisiones de convocar huelga en el seno de las empresas de transportes públicos, como las que nos ocupa, se adopten por la mayoría de los trabajadores en voto secreto en urna, tal como exigen las mínimas condiciones democráticas. Esto evitaría que un grupo limitado de empleados, en este caso liderados por el sindicato CGT, logren convertirse en la voz de la mayoría y bloqueen el funcionamiento de todo el transporte público de la ciudad.

De todos modos, se produzca o no el acuerdo entre las partes en los próximos días, es urgente reflexionar sobre el hecho de que una ciudad como Barcelona no se puede permitir el chantaje casi permanente de los trabajadores de la red de transporte público.

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Juergen Donges, el reconocido sabio en economía y ex asesor de varios cancilleres alemanes, entre ellos la actual Angela Merkel, asegura que «con o sin rescate», España debe tomar las mismas medidas, y advierte de que después de España e Italia, vendrá Francia.

Donges: «Lo que preocupa a los alemanes es que Finlandia salga del euro»

El ‘comisario económico’ de Merkel asegura que «con o sin rescate» España debe tomar las mismas medidas.

 

Juergen Donges

 

LIBRE MERCADO 

Juergen Donges, el reconocido sabio en economía y ex asesor de varios cancilleres alemanes, entre ellos la actual Angela Merkel, asegura que «con o sin rescate», España debe tomar las mismas medidas, y advierte de que después de España e Italia, vendrá Francia.

Donges defendió en una conferencia organizada por el think tankCivismo en Pamplona, titulada Panorama económico y futuro del euro, que si España no cuenta con los recursos para salir de la crisis, quesolicite el rescate «cuanto antes». Ante más de 250 asistentes, aseguró que la cuestión no es qué condiciones se impondrían al país, puesto que «con o sin rescate hay que hacer lo mismo».

«La única diferencia que hay es que el que presta viene a vigilar si se cumplen las cosas, pero ¿qué le puede pasar mejor a un gobierno sometido a presiones de sindicatos, patronales y grupos de interés que decir que ‘los hombres de negro’ le están obligando a tomar esas medidas?» Concluyó diciendo que «el caso es que se haga lo que hay que hacer». Este profesor de la Universidad de Colonia y experto en política económica europea indicó que después de España vendrá Italia, y tal vez Francia.

El exasesor del gobierno germano quiso que los asistentes a la conferencia celebrada en Civican entendieran el porqué de la postura alemana frente a España. «El gobierno alemán adopta estas posiciones para llegar a soluciones eficaces del problema. No se trata de humillar a nadie», afirmó. A su juicio, el gobierno español no debe «parchear» ni «buscar soluciones rápidas» a la crisis y recalcó que «solo con ayudas financieras no se resuelven los problemas».

En lo referente al rescate, manifestó su sorpresa porque en España se esté debatiendo qué ocurriría si Grecia saliera del euro, mientras que en Alemania se debate sobre si el país que saliera fuera uno estable, como Finlandia, por ejemplo. Según indicó, ésa es la preocupación real de los alemanes y añadió que, en su opinión, no se puede saber qué ocurriría si alguno de los países llamados PIGS sale del euro. «Para unos, sería el Apocalipsis, pero si saliera Grecia, por ejemplo, los mercados lo podrían interpretar de una manera diferente, pensarían que Europa está arreglando su problema, y esto les tranquilizaría», expresó.

Reformas en España

Donges, que ha presidido el comité económico de los Cinco Sabios de Alemania y que se ha dedicado a investigar la economía española, manifestó que el país debe solucionar tres frentes. El primero, es elfiscal, con el fin de asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas. El segundo, el financiero, para cerciorarse de que los bancos vuelvan a cumplir su función, que no es otra que financiar la actividad económica de un país. En este sentido, explicó que no se requiere una garantía de todas las entidades financieras y relató que «ése fue el gran error de Irlanda, querer rescatar a sus tres bancos«. El tercero son lasreformas estructurales, y aseguró que «muchas de ellas no le cuestan al Estado nada, como desmantelar la burocracia o liberalizar profesiones liberales«.

Este experto aseguró que España ha dado un paso importante con la reforma laboral, y aprovechó para criticar que el Estado financie a los sindicatos y a la patronal.
El reto, en su opinión, es que el gobierno español «comunique a la sociedad y los mercados los ajustes fiscales que quiere hacer durante los dos próximos años». Indicó que «ajustes los ha habido en todos los países y el procedimiento es el mismo» y denunció que no se puede decir «de viernes a viernes» lo que se va a hacer.

El economista explicó que España adolece de un exceso de regulaciones y trabas administrativas, lo que perjudica la actividad emprendedora. «Y además está fragmentando el mercado nacional», denunció, asegurando que el «Estado de comunidades autónomas no funciona» porque se producen «solapamientos y despotismo».

Defendió que Alemania, a pesar de tener unos costes laborales unitarios muy superiores a los demás países en crisis, ha sabido neutralizar esa desventaja inicial competitiva a través de la innovación y de la internacionalización de la producción. «Esto no es deslocalización, no destruye empleo, sino que fortalece los puestos que hay en el país. Las pymes en Alemania son la columna vertebral de la economía, son las que más innovación hacen. Pero, ¿dónde están las pymes españolas que se posicionan en Europa? Esto falla», resaltó.

Fuga de cerebros

Además, denunció que España está sufriendo «una fuga de cerebros», mientras que Alemania recibe «una ganancia de talento» por la que no ha pagado nada, y que está sufragada por nuestro país. Ante esta circunstancia, propuso la implantación de un sistema de Formación Profesional para jóvenes, como la formación dual que se está impartiendo en el país germano.

Juergen Donges finalizó asegurando que solucionar la crisis sistémica de confianza que vivimos es complicado, aunque destacó que toda crisis supone también «una limpieza para que surja algo nuevo». Y subrayó el caso de Finlandia, un país que estaba hace quince años en suspensión de pagos y que ha salido adelante. «Se puede hacer si se quiere hacer», indicó.

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Sujetar como si la vida dependiera de ello “los fundamentos de una España moderna, que no renuncia a sí misma ni a ser una de las mejores democracias del mundo”

Aznar reclama ante Rajoy «reconstruir desde su base el proyecto nacional»

Aznar situó a España al borde del precipicio, no por la crisis económica sino por la política. Ante Rajoy, desmontó las tesis rupturistas de Mas.

 

Aznar y Rajoy, ante la atenta mirada de Vargas Llosa | David Mudarra/FAES

 

PABLO MONTESINOS SEGUIR A @MONTESINOSPABLO 

José María Aznar dijo basta. Situó a España en su mayor encrucijada, la de ser o no ser, y pidió, ante el presidente del Gobierno (a quien le dio las riendas del PP) y buena parte del poder político, que tome el timón de un barco que no es que esté zozobrando, sino que está a punto de hundirse. Y no por la crisis económica, sino por la política. “No podemos hacer dejación de España. No debemos hacerla. Debemos creer en España más de lo que nadie pueda llegar a descreer de ella”.

De principio a fin, el expresidente habló de la “amenaza” catalana. Fue muy duro, dejando para otros las palabras huecas para evitar molestar. Pero no se quedó en el diagnóstico demoledor, con claros tintes dramáticos, sino que puso encima de la mesa una solución que Mariano Rajoy aún parece que no quiere ver: la reforma del modelo territorial.

“Ha llegado el momento de abordar una reforma que nos permita tener un Estado más ordenado, más eficiente, más justo”, arrancó. Fue a más con el paso de los minutos: “Es indispensable reconstruir desde su base un proyecto nacional real que nos devuelva al progreso”, un proyecto político que, en su opinión, “es donde se apoya todo lo demás”.

Una reforma para “reafirmar los principios de la España constitucional” hoy amenazada y que, según Aznar, tiene que sustentarse en cuatro pilares fundamentales: “la igualdad de todos los españoles independientemente de dónde nacen o de dónde viven”, “la libertad de todos y cada uno de nosotros frente a chantajes, las imposiciones y las maniobras de exclusión”, “la supremacía de la ley como garante de nuestros derechos y baluarte frente al totalitarismo” y “la solidaridad entre españoles, para que nadie quede al margen del progreso y de las oportunidades”.

Sujetar como si la vida dependiera de ello “los fundamentos de una España moderna, que no renuncia a sí misma ni a ser una de las mejores democracias del mundo”. Así, Aznar dejó patente su preocupación por la deriva del país, que hasta entonces había aparcado para conversaciones privadas. El auditorio enmudeció hasta su última palabra, cuando rompió en aplausos. “No aguantaba más, y ha estallado. Ha sido brillante”, resumió uno de los asistentes.

Aznar entregó el premio de la libertad de FAES a Mario Vargas Llorsa, y en su figura encontró la percha perfecta para hacer una breve clase de historia, pero clarificadora. Todo está en los libros de texto: “De nuevo, debemos traer al presente el significado del pacto constitucional en que se plasmó la Transición democrática. Especialmente cuando se quiere extender la falsedad de un supuesto fracaso histórico de España y se hace de esa falsedad la coartada para la ruptura”, destacó.

No mentó en ningún momento a Artur Mas, pero rebatió cada uno de sus argumentos para sacudir al país a golpe de llamamientos a la independencia: “Democracia es habilitación y es límite, y ninguna habilitación puede serlo para ignorar los límites”. Esto es, todo está en la Constitución, y un referéndum solo lo puede permitir las Cortes. Y advirtió: “No se puede esperar su protección cuando se actúa fuera de las normas y de un Estado de derecho”.

Sustanció en dos ideas su tesis. En primer lugar, recordó que “una de las doce estrellas bordadas en la bandera europea es española. Y no por casualidad”. Algo que quiere decir que “nacionalismo y europeísmo son conceptos contrapuestos”, o en palabras aún más gruesas “romper con la Constitución es, para quien lo haga, la puerta de salida de Europa”.

En segundo lugar, Aznar desmontó lo que llamó la “trampa dialéctica” que consiste en decir que una defensa de la Carta Magna no es sino “defender un texto escrito a nuestro capricho”. Una vez más, hizo de profesor de historia: “Se falsifica la historia a conciencia para tratar de sostener ese engaño, con el agravante de que se falsea una historia que los nacionalistas conocen bien porque han sido parte de ella, y parte importante, además”.

Aznar exigió lealtad. Pero enseguida constató que “lo que hemos obtenido ha sido deslealtad con la democracia y con la ley. Llámese deslizamiento, o centrifugación, o desarticulación”. Hasta el punto, añadió, de que “bajo amenazas de todo tipo -y vemos que literalmente son de todo tipo- el nacionalismo pretende ahora romper con los términos del acuerdo democrático para buscar la secesión y el conflicto”.

Vargas Llosa: «Nacionalismo, cultura de incultos»

Vargas Llosa no fue menos contundentes, y a la sazón de Aznar situó el nacionalismo como el verdadero problema de la nación: “Es la cultura de los incultos”, definió, recibiendo al término otro aplauso cerrado. Aznar siguió dando razones de ello: “Al mismo tiempo que exige mejorar su posición deja claro que no respetará los compromisos a los que se pueda llegar”. Más aún, “se chatanjea con la utilización de un cuerpo armado autonómico en un proceso secesionista”.

“Yo no participé en la Guerra de Sucesión junto a los leales de Felipe V. Ni yo ni ninguno de los españoles -muy en primer término los catalanes- que con la Constitución, y gracias a ella, han llevado a Cataluña la mayor autonomía de su historia, sin comparación posible”, rememoró. Pero, pese ello, “han decidido dar una patada al tablero y pretenden además que eso forme parte del juego”.

Rajoy, mientras, en primera fila junto a varios barones autonómicos, permanecía en silencio. Después tampoco tomó la palabra. Aznar le dijo: “España no se va a romper. Y añado para los que juegan irresponsablemente con las cosas importantes, que España sólo podría romperse si Cataluña sufriera antes su propia ruptura como sociedad, como cultura y como tradición”. Todo el mundo seguía en silencio.

Quince minutos de tensión: “Cataluña no podrá permanecer unida si no permanece en España”, reiteró. La solución, aseguró, pasa ni más ni menos que por la Constitución de Cádiz, ahora que es su aniversario. “España no es una nación identitaria o nacionalista; es una nación plural, compleja e incluyente”. Pero siempre nación.

En conclusión, Aznar afirmó que frente a las amenazas hay que crecerse, no arrugarse. Hay que llamar a las cosas por su nombre. Hay que “hacer más por España más de lo que nadie pueda llegar a hacer contra ella. Porque España significa libertad, significa nuestra libertad”. Y si en algún momento se cae en el abatimiento, el expresidente recordó a quienes siempre se han levantado: “Las víctimas del terrorismo”.

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